tertulia lunática

Ernesto Estrella Cózar

Poema Tertulia lunática (Julio Herrera y Reissig); puesta en voz por Ernesto Estrella Cózar



Tertulia lunática: la zona crepuscular
Esta pieza es una interpretación vocal de la primera parte de la Tertulia Lunática de Julio Herrera y Reissig, quizá uno de los poemas más delirantes y herméticos de la lengua española. La idea de la que parte proviene del hecho de que la estrofa utilizada en el poema es la que también suele utilizarse en la milonga, algo que ya más de un crítico y lector había observado. Por ello, el intento aquí es situarse entre la melodía y la recitación con la voluntad de crear un espacio inestable, emocional y sónicamente, acorde con la dinámica del poema. Zona crepuscular, intermedia, para la exploración vocal.

La pieza forma parte de mi Mapa sonoro de la poesía y fue presentada por vez primera como grabación en dúo con Stelios Michas en “Veladas Beatnick”, Montevideo, Uruguay, septiembre de 2010. También recibió una interpretación a cargo del trío MES durante el festival Sonography: An Homage to Uruguayan poet Julio Herrera y Reissig. Parte del evento puede escucharse en: http://soundcloud.com/ernescozar/sets



Tertulia lunática 



            Tertulia lunática (Julio Herrera y Reissig)

                                                   I

Vesperas
Jam sol recedit igneus...
(Ya se retira el sol de fuego)
En túmulo de oro vago,
cataléptico fakir,
se dio el tramonto a dormir
la unción de un nirvana vago...
Objetivase el aciago
suplicio de pensamiento
y como un remordimiento
pulula el sordo rumor
de algún pulverizador
de músicas de tormento.

El cielo abre un gesto verde,
y ríe el desequilibrio
de un sátiro de ludibrio
enfermo de absintio verde...
En hipótesis se pierde
el horizonte errabundo,
y el campo meditabundo
de informe turbión se puebla,
como que todo es tiniebla
en la conciencia del Mundo.

Ya las luciérnagas –brujas
del joyel de Salambó–
guiñan la “marche aux flambeaux”
de un aquelarre de brujas...
Da nostalgias de Cartujas
el ciprés de terciopelo,
y vuelan de tu pañuelo,
en fragantes confidencias,
interjecciones de ausencias
y ojeras de ritornelo.

Todo es póstumo y abstracto
y se intiman de monólogos
los espíritus ideólogos
del Incognoscible Abstracto...
Arde el bosque estupefacto
en un éxtasis de luto,
y se electriza el hirsuto
laberinto del proscenio
con el fósforo del genio
lóbrego de lo Absoluto.

Todo suscita el cansancio
de algún país psicofísico
en el polo metafísico
de silencio y de cansancio...
Un vaho de tiempo rancio
historia la unción plenaria,
y cunde, ante la arbitraria
lógica de la extensión
la materialización
del ánima planetaria.

Del insonoro interior
de mis oscuros naufragios,
zumba, viva de presagios
la Babilonia interior...
Un pitagorizador
horoscopa de ultra-noche,
mientras, en auto-reproche
de contricciones estáticas,
rondan las momias hieráticas
del Escorial de la Noche.

Fuegos fatuos de exorcismo
ilustran mi doble vista,
como una malabarista
mutilación de exorcismo...
Lo Subconsciente del mismo
Gran Todo me escalofría
y en la multitud sombría
de la gran tiniebla afónica
fermenta una cosmogónica
trompeta de profecía.

Tal en un rapto de nieve
se aguza la ermita gótica,
y arriba la aguja hipnótica
enhebra estrellas de nieve...
El bosque en la sombra se mueve
fantásticos descalabros,
y en los enebros macabros
blande su caña un pastor,
como un lego apagador
de tétricos candelabros.

Duerme, la oreja en acecho,
como un lobo montaraz
el silencio suspicaz
del precipicio en acecho...
Frunce el erial su despecho,
mientras disuelve y rehúsa
el borbollón de la esclusa
monólogos de esquimal,
en gárgaras de cristal
y euforias de cornamusa.

Adarga en ristre, el sonámbulo
molino metaforiza
un Don Quijote en la liza,
encabalgado y sonámbulo...
Tortura el humo un funámbulo
guiñol de caleidoscopio
y hacia la noche de opio
abren los pozos de Ciencia
el ojo de una conciencia
profunda de espectroscopio.

Sobre la torre, enigmático,
el búho de ojos de azufre,
su canto insalubre sufre
como un muecín enigmático...
Ante el augurio lunático,
capciosa, espectral, desnuda,
aterciopelada y muda,
desciende en su tela inerte,
como una araña de muerte,
la inmensa noche de Buda...